Cannes no siempre fue una ciudad costera: su centro histórico se encuentra en la colina del Suquet, lugar privilegiado desde el que descubrir el patrimonio de la antigua ciudad ligura. La mejor manera de explorar el Vieux Cannes es partir de la torre cuadrada del Museo de la Castre que corona la cima y descender por las calles peatonales hasta el Carré d'Or. No olvide hacer un alto en el camino en una de las cafeterías o restaurantes de la rue Saint-Antoine. El encanto de este laberinto medieval le encandilará gracias al contraste con el Cannes extrovertido y su ostentación mediática.