Cerca de la Oficina de turismo, se encuentra una curiosidad que deleitará a los apasionados de la aviación: el tren de aterrizaje del Concorde, regalo de Air France a Roissy. Fruto de una colaboración histórica entre Francia y Gran Bretaña, la nave marcó un hito importante en el sector aeronáutico mundial, que fue el orgullo de ambos países durante años. En 2004, al terminar la explotación del legendario avión supersónico, la compañía aérea decidió dejar constancia de su apego con Roissy-en-France regalándole esta pieza. Expuesto en una campana de vidrio, actualmente forma parte de un verdadero patrimonio industrial y tecnológico.